26 de octubre de 2016

Un cierto matiz de tristeza

Plaza de San Marcos - Venecia



Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de las gentes sociables; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes. La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello: la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado.

De esta manera, el ánimo del viajero sentíase todavía inquieto con las impresiones de la travesía…

Thomas Mann – La muerte en Venecia





19 de octubre de 2016

Verdad y mentira

Mujer en la Mezquita de Córdoba



En la era de internet, las mentiras no pasan factura y el valor de las certezas se esfuma en manos de demagogos y populistas.

El País – Cuando la verdad no importa





15 de octubre de 2016

Escena de vida

Puerta del Sol - Madrid



La vida es lo que vive –en nosotros o de nosotros-; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios.

Camilo José Cela – La colmena





11 de octubre de 2016

El cuento del pastor

En algún rincón del valle del Guadalquivir



Caía la tarde y el hombre estaba fotografiando un olivo solitario que con su verdor daba una pincelada de color al paisaje. A lo lejos, un rebaño de ovejas estaba paciendo y varios perros, que iban y venían de continuo, lo miraban expectantes. El fotógrafo sabía que no debía acercarse a las ovejas.

Cuando estaba enfrascado con su máquina escuchó unas palabras. Alguien lo estaba saludando. Era el pastor, que tirando de las bridas de una mula, en silencio, había llegado a su lado. Al mirarlo, le llamó la atención el color cobrizo de su piel, tan curtida, y sus ojos, que hartos de contemplar aquellos campos, siempre bañados por una luz deslumbrante, mantenía casi cerrados. Estuvieron charlando un rato y el pastor, cuando supo que el fotógrafo había vivido en cierta ciudad lejana, le dijo que él, de joven, había tenido una novia en aquella ciudad. El fotógrafo pensó que el hombre estaba bromeando, pero cuando le susurró que ese antiguo amor vivía en aquel tiempo en los Pajarillos, que él sabía que era un barrio de aquella ciudad, supo que el hombre no mentía. El pastor tenía tatuado en uno de sus brazos el escudo de la Legión y ello les dio ocasión de hablar de otros tiempos de ardor guerrero en el que los jóvenes eran obligados a servir con las armas. El pastor había estado destinado en África y el fotógrafo, por esos tiempos, había conocido los fríos de las montañas de León. La charla, siempre grata cuando la gente recuerda los tiempos de su juventud, finalizó cuando el pastor, al darse cuenta de que ya estaba anocheciendo, se despidió de un modo algo brusco. Tenía que guardar las ovejas y quería hacerlo antes de que la luz faltase.

Antes, mientras hablaban de mil cosas, el pastor había permitido que el fotógrafo fotografiase a la mula, que con un paraguas sobresaliendo sobre su lomo, pacía sosegada al lado del olivo. “Es que parece que está posando” –le había dicho el fotógrafo. Quizás en otra ocasión, si este encuentro casual se reproduce, se atreva el fotógrafo a pedirle al pastor que deje que le haga algún retrato.





5 de octubre de 2016

Mujeres cerca del mar


Mujer paseando en Marbella - Málaga



Convertirse en un hombre sin mujer es muy sencillo: basta con amar locamente a una mujer y que luego ella se marche a alguna parte. En la mayoría de los casos (como bien sabrás), son taimados marineros quienes se las llevan. Las seducen con su labia y las embarcan deprisa hacia Marsella o Costa de Marfil. Prácticamente nada podemos hacer frente a ello.

Haruki Murakami – Hombres sin mujeres