Al atardecer, la mujer cruzaba los viejos arcos para encontrarse con su hermana, recluida al otro lado desde hacía tantos años que nadie recordaba cuando había ingresado allí. Cuando los cruzó. los ladrillos del convento susurraron su nombre. Era invierno, pero el aire olía a jazmín.
Ahora, cuando dejó atrás las piedras antiguas, dicen que fue ella la que desapareció para siempre, dejando en el suelo solo una bolsa blanca y en el aire un perfume persistente.
Al atardecer, la mujer cruzaba los viejos arcos para encontrarse con su hermana, recluida al otro lado desde hacía tantos años que nadie recordaba cuando había ingresado allí. Cuando los cruzó. los ladrillos del convento susurraron su nombre. Era invierno, pero el aire olía a jazmín.
ResponderEliminarAhora, cuando dejó atrás las piedras antiguas, dicen que fue ella la que desapareció para siempre, dejando en el suelo solo una bolsa blanca y en el aire un perfume persistente.
Cuánta gente habrán visto pasar esos arcos...
ResponderEliminarFronteras de piedra entre mundos incompatibles.