Era la hora azul, y la luz del atardecer caía sobre la Plaza de las Tendillas como un susurro. Se habían encendido las farolas y el aire se había vuelto dorado, como si la ciudad quisiera posar para las miradas de la gente.
Yo estaba delante de la estatua, parado, escuchando el murmullo de quienes atravesaban la plaza como un río manso y fue entonces cuando reparé en el fotógrafo y en como quería captar cada paso, cada sombra, cada gesto. El hombre estaba intentando seguirle el pulso a la ciudad, que a esa hora latía más despacio. Cuando comenzó a disparar, supe que estaba atrapando unos instantes que no volverían, pero que siempre me esperarían allí.
Era la hora azul, y la luz del atardecer caía sobre la Plaza de las Tendillas como un susurro. Se habían encendido las farolas y el aire se había vuelto dorado, como si la ciudad quisiera posar para las miradas de la gente.
ResponderEliminarYo estaba delante de la estatua, parado, escuchando el murmullo de quienes atravesaban la plaza como un río manso y fue entonces cuando reparé en el fotógrafo y en como quería captar cada paso, cada sombra, cada gesto. El hombre estaba intentando seguirle el pulso a la ciudad, que a esa hora latía más despacio. Cuando comenzó a disparar, supe que estaba atrapando unos instantes que no volverían, pero que siempre me esperarían allí.
A public space with a very generous and pleasant design.
ResponderEliminarQué plaza tan bonita!!!
ResponderEliminarDan ganas de sentarse a ver pasar la vida.