Al atardecer, la mujer cruzaba los viejos arcos para encontrarse con su hermana, recluida al otro lado desde hacía tantos años que nadie recordaba cuando había ingresado allí. Cuando los cruzó. los ladrillos del convento susurraron su nombre. Era invierno, pero el aire olía a jazmín.
Ahora, cuando dejó atrás las piedras antiguas, dicen que fue ella la que desapareció para siempre, dejando en el suelo solo una bolsa blanca y en el aire un perfume persistente.
Not only the arches-- but the treatment of the walkway. And I love that cover picture--- the woman walking down, and two pigeons looking down. Add to all of that, your story is delightful!
Buenos días, Ildefonso. Me encanta ver fotografías de lugares que reconozco, y especialmente las que tienen movimiento, porque suelen sugerir mucho. Junto al texto que la acompaña, me hace pensar que los espacios antiguos tienen eso: no cambian ellos, cambian a quien los atraviesa. Y a veces lo único que queda es el rastro.
Esa diagonal que trazan los pasos de la mujer se encamina hacia esos arcos arabescos que parecen fauces que la van a devorar como a su hermana que está allí recluida desde hace mucho tiempo. La textura de la imagen es muy clara y nítida. Lo único que me desconcierta es la vestimenta de la muchacha. Resulta demasiado moderna para un contexto como este. Haría falta estar en Fes o Marraquesch para encontrar un atuendo a juego con el espacio escénico aquí planteado. Saludos.
Ildefonso, qué sugerente resulta este relato junto a la imagen. Esa mujer que cruza los arcos al atardecer parece moverse entre dos mundos, como si las piedras guardaran una memoria que solo despierta con su paso. El detalle del jazmín en pleno invierno añade un matiz casi mágico, una señal que anticipa lo que viene después. Y ese final, con la bolsa blanca abandonada y el perfume persistente, deja una estela inquietante, como si los arcos hubieran decidido reclamar también su destino. Una historia breve, pero llena de ecos. Un abrazo, maestro de la fotografía.
Al atardecer, la mujer cruzaba los viejos arcos para encontrarse con su hermana, recluida al otro lado desde hacía tantos años que nadie recordaba cuando había ingresado allí. Cuando los cruzó. los ladrillos del convento susurraron su nombre. Era invierno, pero el aire olía a jazmín.
ResponderEliminarAhora, cuando dejó atrás las piedras antiguas, dicen que fue ella la que desapareció para siempre, dejando en el suelo solo una bolsa blanca y en el aire un perfume persistente.
Cuánta gente habrán visto pasar esos arcos...
ResponderEliminarFronteras de piedra entre mundos incompatibles.
Tus imágenes me recuerdan constantemente que tengo que volver a Córdoba.
ResponderEliminarUn abrazo.
Not only the arches-- but the treatment of the walkway. And I love that cover picture--- the woman walking down, and two pigeons looking down. Add to all of that, your story is delightful!
ResponderEliminarBuenos días, Ildefonso.
ResponderEliminarMe encanta ver fotografías de lugares que reconozco, y especialmente las que tienen movimiento, porque suelen sugerir mucho. Junto al texto que la acompaña, me hace pensar que los espacios antiguos tienen eso: no cambian ellos, cambian a quien los atraviesa. Y a veces lo único que queda es el rastro.
Esa diagonal que trazan los pasos de la mujer se encamina hacia esos arcos arabescos que parecen fauces que la van a devorar como a su hermana que está allí recluida desde hace mucho tiempo. La textura de la imagen es muy clara y nítida. Lo único que me desconcierta es la vestimenta de la muchacha. Resulta demasiado moderna para un contexto como este. Haría falta estar en Fes o Marraquesch para encontrar un atuendo a juego con el espacio escénico aquí planteado. Saludos.
ResponderEliminarBonita foto y bonita reseña amigo, esos arcos tan peculiares y tan representativos por su origen son una insignia por nuestra tierra.
ResponderEliminarUn Abrazo
Great picture and story. Thank you!
ResponderEliminarDos mundos totalmente distintos.
ResponderEliminarUn buen relato para esta foto, me pregunto ¿dónde estará ella, ahora? ;-)
Aferradetes, amic.
Perfectos monocromo y una preciosa fotografía.
ResponderEliminarUna imagen maravillosa, me encanta. Un saludo.
ResponderEliminarIldefonso, qué sugerente resulta este relato junto a la imagen. Esa mujer que cruza los arcos al atardecer parece moverse entre dos mundos, como si las piedras guardaran una memoria que solo despierta con su paso. El detalle del jazmín en pleno invierno añade un matiz casi mágico, una señal que anticipa lo que viene después. Y ese final, con la bolsa blanca abandonada y el perfume persistente, deja una estela inquietante, como si los arcos hubieran decidido reclamar también su destino. Una historia breve, pero llena de ecos.
ResponderEliminarUn abrazo, maestro de la fotografía.
Lo viejo y lo nuevo pero todo respetando el estilo primigenio.
ResponderEliminarUn abrazo.
Nice place! The man seems in a hurry and ignores the surrounding space.
ResponderEliminarExcepcional monocromo. Esos objetivos Leica en los 14T son impresionantes.
ResponderEliminarMe gusta mucho también la foto de portada.
Un fuerte abrazo Ildefonso