8 de febrero de 2026

Soledad

Copilot y posterior edición
 

1 comentario:

  1. En el viejo parque, el banco solitario estaba húmedo por el rocío. Me sentía cansada y me senté. Los árboles seguían desnudos, y el barrio despertaba con el ruido habitual de persianas y motores viejos. Vi a una anciana que se acercaba. Al pasar a mi lado me saludó con un gesto leve, como si me conociera de siempre.

    Me quedé observando cómo se alejaba, arrastrando los pies, hasta que su figura se fue diluyendo en la lejanía. Noté entonces que había dejado algo a mi lado: una pequeña llave oxidada, tibia, pensé, por el calor humano de ella. La apreté en mi mano y sentí que el aire alrededor del banco se volvía más denso, como si el tiempo respirara distinto. Miré de nuevo a lo lejos y vi que la anciana estaba allí otra vez. Fue en este momento cuando me dí cuenta de que su rostro era el que yo tendría en un futuro, ya no muy lejano.

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