Bajo el peso brillante de mi tocado, estoy sintiendo que el mundo respira al ritmo de mis pasos y que la música vibra en mis huesos como si despertara unos sentimientos que, ocultos durante el año, duermen en mí.
Bailo sonriendo, porque cada destello de lentejuela es un latido que comparto con mis hermanas. En el aire se huele la magia de unos viejos secretos que estuvieran a punto de revelarse.
Mientras avanzamos, estoy notando que mis pies ya no tocan el suelo, sino que parecen flotar como plumas encendidas. La multitud nos aplaude, sin saber que algunas ya no estamos desfilando: estamos ascendiendo. Las compañeras nos miramos, y descubro que ellas también lo están sintiendo. Cuando por fin cruzamos el arco final del desfile, en la Plaza de la Corredera, hemos dejado de ser humanas y hemos vuelto a ser lo que siempre hemos sido: las guardianas de un carnaval eterno.
Bella definición, amigo mío, de una realidad que vibra de colorido y buen hacer. Ya no son "humanas"! Ya practican y van conociendo el camino para cuando, largos años por delante, dejen realmente de serlo! :))))) Fotógrafo y sentido poeta de la vida cotidiana. Abrazos, Ildefonso.
Ildefonso, el carnaval tiene esa fuerza. Durante unos días uno se permite sentir y no explicarlo demasiado.Hay algo muy potente en eso de caminar juntos, de notar que no es solo fiesta sino algo que se vive por dentro. No todo el mundo lo entiende, pero quien lo siente sabe de qué va.Yo no soy muy de carnaval, quizá por lo efímero que tiene todo eso, pero entiendo perfectamente que haya quien lo viva como algo grande y casi sagrado.La imagen desde luego es espectacular, preciosa en el colorido. Felicidades por la captura. Feliz semana
La imagen me sugiere abigarramiento, barroquismo, saturación de formas y colores entre los que sobresalen unos rostros fundidos con el conjunto. Estas mujeres como alguien ha dicho son seres ancestrales al ritmo de las batukadas y el colorido confuso de miles de puntos de luz. No me gustaría ser una de ellas. Prefiero la soledad y las líneas puras. Saludos.
Impresionante, Ildefonso. Tu fotografía ya tenía fuerza por sí sola, pero el texto que la acompaña la convierte en algo más que un instante captado: la transforma en un pequeño mito. Bajo ese tocado que brilla como un sol fragmentado, la protagonista no solo desfila, sino que respira al ritmo profundo del carnaval, ese pulso antiguo que tú sabes retratar tan bien. Hay en tus palabras una mezcla de sensualidad, misterio y elevación que encaja de maravilla con la imagen: las lentejuelas como latidos compartidos, los pies que dejan de tocar el suelo, la multitud que aplaude sin comprender que lo que está viendo ya no pertenece del todo a este mundo. Me ha gustado especialmente esa idea de que, al cruzar el arco final de la Corredera, dejan de ser humanas para volver a ser lo que siempre fueron: guardianas de un carnaval eterno. Es una frase que podría pertenecer a un cuento ancestral, y sin embargo nace de un desfile real, de una calle concreta, de un instante que tu cámara y tu mirada convierten en símbolo. Esa es tu magia: transformar lo cotidiano en algo que roza lo sagrado, sin perder nunca el contacto con la vida que late alrededor. La imagen, con su explosión de color y su barroquismo festivo, encuentra en tu texto un contrapunto perfecto: no describes lo que se ve, sino lo que se siente desde dentro. Y eso hace que quienes miramos la foto después de leerte la veamos de otra manera, como comenta también uno de tus lectores. No es solo una comparsa: es un rito, una ascensión, un secreto compartido entre mujeres que saben que, por unas horas, la ciudad les pertenece. Un trabajo redondo, lleno de luz, de ritmo y de esa poesía tuya que aparece cuando menos se la espera. Gracias por regalarnos esta escena que, más que verse, se respira.
Bajo el peso brillante de mi tocado, estoy sintiendo que el mundo respira al ritmo de mis pasos y que la música vibra en mis huesos como si despertara unos sentimientos que, ocultos durante el año, duermen en mí.
ResponderEliminarBailo sonriendo, porque cada destello de lentejuela es un latido que comparto con mis hermanas. En el aire se huele la magia de unos viejos secretos que estuvieran a punto de revelarse.
Mientras avanzamos, estoy notando que mis pies ya no tocan el suelo, sino que parecen flotar como plumas encendidas. La multitud nos aplaude, sin saber que algunas ya no estamos desfilando: estamos ascendiendo. Las compañeras nos miramos, y descubro que ellas también lo están sintiendo. Cuando por fin cruzamos el arco final del desfile, en la Plaza de la Corredera, hemos dejado de ser humanas y hemos vuelto a ser lo que siempre hemos sido: las guardianas de un carnaval eterno.
Bella definición, amigo mío, de una realidad que vibra de colorido y buen hacer.
EliminarYa no son "humanas"! Ya practican y van conociendo el camino para cuando, largos años por delante, dejen realmente de serlo! :)))))
Fotógrafo y sentido poeta de la vida cotidiana.
Abrazos, Ildefonso.
Very profound and with much feeling.
ResponderEliminarIldefonso, el carnaval tiene esa fuerza. Durante unos días uno se permite sentir y no explicarlo demasiado.Hay algo muy potente en eso de caminar juntos, de notar que no es solo fiesta sino algo que se vive por dentro. No todo el mundo lo entiende, pero quien lo siente sabe de qué va.Yo no soy muy de carnaval, quizá por lo efímero que tiene todo eso, pero entiendo perfectamente que haya quien lo viva como algo grande y casi sagrado.La imagen desde luego es espectacular, preciosa en el colorido. Felicidades por la captura. Feliz semana
ResponderEliminarBuena captura de ese desfile del Carnaval.
ResponderEliminarUn abrazo.
The costume and the makeup are stellar
ResponderEliminarSeres mitológicos captados por tu ojo clínico.
ResponderEliminarLa imagen me sugiere abigarramiento, barroquismo, saturación de formas y colores entre los que sobresalen unos rostros fundidos con el conjunto. Estas mujeres como alguien ha dicho son seres ancestrales al ritmo de las batukadas y el colorido confuso de miles de puntos de luz. No me gustaría ser una de ellas. Prefiero la soledad y las líneas puras. Saludos.
ResponderEliminarUna autentica explosión de color. Buen disparo amigo.
ResponderEliminarWOOOOOWW! That is amazing!!
ResponderEliminarVi de otra manera la imagen después de leer el texto. ;-)
ResponderEliminarBuen trabajo.
Aferradetes, amic.
Impresionante, Ildefonso. Tu fotografía ya tenía fuerza por sí sola, pero el texto que la acompaña la convierte en algo más que un instante captado: la transforma en un pequeño mito. Bajo ese tocado que brilla como un sol fragmentado, la protagonista no solo desfila, sino que respira al ritmo profundo del carnaval, ese pulso antiguo que tú sabes retratar tan bien. Hay en tus palabras una mezcla de sensualidad, misterio y elevación que encaja de maravilla con la imagen: las lentejuelas como latidos compartidos, los pies que dejan de tocar el suelo, la multitud que aplaude sin comprender que lo que está viendo ya no pertenece del todo a este mundo.
ResponderEliminarMe ha gustado especialmente esa idea de que, al cruzar el arco final de la Corredera, dejan de ser humanas para volver a ser lo que siempre fueron: guardianas de un carnaval eterno. Es una frase que podría pertenecer a un cuento ancestral, y sin embargo nace de un desfile real, de una calle concreta, de un instante que tu cámara y tu mirada convierten en símbolo. Esa es tu magia: transformar lo cotidiano en algo que roza lo sagrado, sin perder nunca el contacto con la vida que late alrededor.
La imagen, con su explosión de color y su barroquismo festivo, encuentra en tu texto un contrapunto perfecto: no describes lo que se ve, sino lo que se siente desde dentro. Y eso hace que quienes miramos la foto después de leerte la veamos de otra manera, como comenta también uno de tus lectores. No es solo una comparsa: es un rito, una ascensión, un secreto compartido entre mujeres que saben que, por unas horas, la ciudad les pertenece.
Un trabajo redondo, lleno de luz, de ritmo y de esa poesía tuya que aparece cuando menos se la espera. Gracias por regalarnos esta escena que, más que verse, se respira.