Conseguí abrirme paso entre la multitud, cámara en mano, buscando uno de esos instantes que lo dicen todo sin pronunciar palabras. Había visto a una mujer, firme como un roble, que nos enseñaba su camiseta con una frase escrita: “No a la guerra”. Yo pensaba que, quizás, ajena, o no, a otros temblores que sacuden el mundo: pisoteo de los derechos humanos, terrorismo, abusos de todo tipo...
Frente a ella, una fotógrafa se había inclinado intentando captar el gesto exacto en que la dignidad se vuelve luz. Yo, sin tiempo para pensar, encuadré la escena desde atrás, atrapado por la fuerza de ambas mujeres, por la mezcla de lucha en una y la pasión por captarla en otra. El murmullo de la manifestación del “Día de la Mujer” nos envolvía a todos. Disparé justo cuando la segunda mujer también lo hacía, convencido de haber capturado un instante irrepetible.
Solo después, al revisar la imagen, descubrí que la mujer que reclamaba paz en el mundo no nos miraba a nosotros y que en sus ojos estaba el reflejo de esa leve sonrisa que impregna la serenidad de alguien que en su vida ya ha visto demasiados horrores.
Conseguí abrirme paso entre la multitud, cámara en mano, buscando uno de esos instantes que lo dicen todo sin pronunciar palabras. Había visto a una mujer, firme como un roble, que nos enseñaba su camiseta con una frase escrita: “No a la guerra”. Yo pensaba que, quizás, ajena, o no, a otros temblores que sacuden el mundo: pisoteo de los derechos humanos, terrorismo, abusos de todo tipo...
ResponderEliminarFrente a ella, una fotógrafa se había inclinado intentando captar el gesto exacto en que la dignidad se vuelve luz. Yo, sin tiempo para pensar, encuadré la escena desde atrás, atrapado por la fuerza de ambas mujeres, por la mezcla de lucha en una y la pasión por captarla en otra. El murmullo de la manifestación del “Día de la Mujer” nos envolvía a todos. Disparé justo cuando la segunda mujer también lo hacía, convencido de haber capturado un instante irrepetible.
Solo después, al revisar la imagen, descubrí que la mujer que reclamaba paz en el mundo no nos miraba a nosotros y que en sus ojos estaba el reflejo de esa leve sonrisa que impregna la serenidad de alguien que en su vida ya ha visto demasiados horrores.