Era la hora azul, y la luz del atardecer caía sobre la Plaza de las Tendillas como un susurro. Se habían encendido las farolas y el aire se había vuelto dorado, como si la ciudad quisiera posar para las miradas de la gente.
Yo estaba delante de la estatua, parado, escuchando el murmullo de quienes atravesaban la plaza como un río manso y fue entonces cuando reparé en el fotógrafo y en como quería captar cada paso, cada sombra, cada gesto. El hombre estaba intentando seguirle el pulso a la ciudad, que a esa hora latía más despacio. Cuando comenzó a disparar, supe que estaba atrapando unos instantes que no volverían, pero que siempre me esperarían allí.
Me chifla esa plaza. Cada año, cuando íbamos de vacaciones en familia a mi pueblo, anhelaba pasar el día ahí sentado, esperando a la guitarra dar las horas y los cuartos, todo ese ambiente que de verdad me transportaba a un mundo diferente. Es uno de los recuerdos felices de mi infancia: sentarnos en una de sus terrazas a tomar un helado, una horchata… era un día de fiesta total para mí. Me encanta la foto, tiene una luz especial.
Ildefonso, qué maravilla de escena has capturado y narrado. La hora azul siempre tiene algo de frontera: ni día ni noche, un instante suspendido donde la ciudad parece respirar más hondo. Y en tu texto esa sensación se vuelve casi palpable. La Plaza de las Tendillas, con ese dorado suave que mencionas, se transforma en un escenario íntimo donde cada gesto adquiere un peso distinto. Me ha gustado especialmente cómo describes al fotógrafo, ese intento suyo de seguir el pulso lento de la ciudad. Hay algo muy hermoso en esa mirada: alguien que no solo observa, sino que escucha, que espera el momento exacto en que la luz, las sombras y la vida cotidiana se alinean. Y tú, al fijarte en él, terminas retratando dos cosas a la vez: la plaza y la mirada que intenta atraparla. La idea final —que esos instantes no volverán, pero te esperarán siempre allí— es preciosa. Resume muy bien lo que tiene la fotografía de milagro y de memoria: un modo de detener el tiempo sin romperlo, de guardar un latido sin apagarlo. Tu foto y tu texto se complementan de forma impecable. Gracias por regalarnos esta escena tan serena y tan llena de profundidad. Un fuerte abrazo.
En esos tres días que estuve en Córdoba vi muchas cosas y se me quedaron algunas otras por ver. Cada vez que la veo a través de tu objetivo se me ponen ganas de volver. Un abrazo.
Preciosas luz y luces has captado en esta plaza, con estos edificios y con mucha vida. Un momento irrepetible, seguramente. (Imagino que debo ir al óptico de nuevo, no logro ver al fotógrafo) ;-) Aferradetes, amic.
He hecho muchas fotos en la hora azul. Es un momento especial del día en que la luz en sus últimos estertores se mezcla con la noche y produce tonalidades únicas. Esta foto de la plaza de las Tendillas es muy sugestiva. Se caracteriza por su tratamiento espléndido de la luz y la nitidez de la imagen. Una foto sencilla pero llena de encanto. Saludos.
Conozco bien la plaza de las Tendillas, pero nunca la vi tan bonita como en esta imagen que has captado. Preciosa la luz, el encuadre, pero sobre todo esas luces anaranjadas de las farolas fernandinas, que iluminan la plaza, y que le dan profundidad a la imagen. Vamos, una maravilla de fotografía. Un fuerte abrazo, amigo
Ildefonso, querido amigo genio de la fotografía. Te felicito por esta captura y por tu relato tan poético, es una maravilla!!! Que pases un hermoso día y que tengas unas Felices Pascuas!!! Besitos Ildefonso
"Esos instantes no volverán, pero te esperarán siempre allí"... Ildefonso, ya me quisiera yo una línea de este nivel en alguno de mis micros. Retrataría perfectamente cuando el presente, a veces, proyecta tras de sí, la sombra de la nostalgia. Va un abrazo.
Era la hora azul, y la luz del atardecer caía sobre la Plaza de las Tendillas como un susurro. Se habían encendido las farolas y el aire se había vuelto dorado, como si la ciudad quisiera posar para las miradas de la gente.
ResponderEliminarYo estaba delante de la estatua, parado, escuchando el murmullo de quienes atravesaban la plaza como un río manso y fue entonces cuando reparé en el fotógrafo y en como quería captar cada paso, cada sombra, cada gesto. El hombre estaba intentando seguirle el pulso a la ciudad, que a esa hora latía más despacio. Cuando comenzó a disparar, supe que estaba atrapando unos instantes que no volverían, pero que siempre me esperarían allí.
Maestro en fotografía. Poeta en la expresión!
EliminarAbrazos, amigo Ildefonso.
A public space with a very generous and pleasant design.
ResponderEliminarQué plaza tan bonita!!!
ResponderEliminarDan ganas de sentarse a ver pasar la vida.
Ni siquiera esos ladrillos, dentro de los cuales habita gente, son para siempre.
ResponderEliminarpodi-.
Un buen momento para salir con la cámara y lograr estupendas fotos como esta.
ResponderEliminarAbrazo
Me chifla esa plaza. Cada año, cuando íbamos de vacaciones en familia a mi pueblo, anhelaba pasar el día ahí sentado, esperando a la guitarra dar las horas y los cuartos, todo ese ambiente que de verdad me transportaba a un mundo diferente. Es uno de los recuerdos felices de mi infancia: sentarnos en una de sus terrazas a tomar un helado, una horchata… era un día de fiesta total para mí. Me encanta la foto, tiene una luz especial.
ResponderEliminarSi esta plaza ya es de por si acogedora... a esta hora y con esa luz luce maravillosa.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo Ildefonso
Awesome photo!
ResponderEliminarIldefonso, qué maravilla de escena has capturado y narrado. La hora azul siempre tiene algo de frontera: ni día ni noche, un instante suspendido donde la ciudad parece respirar más hondo. Y en tu texto esa sensación se vuelve casi palpable. La Plaza de las Tendillas, con ese dorado suave que mencionas, se transforma en un escenario íntimo donde cada gesto adquiere un peso distinto.
ResponderEliminarMe ha gustado especialmente cómo describes al fotógrafo, ese intento suyo de seguir el pulso lento de la ciudad. Hay algo muy hermoso en esa mirada: alguien que no solo observa, sino que escucha, que espera el momento exacto en que la luz, las sombras y la vida cotidiana se alinean. Y tú, al fijarte en él, terminas retratando dos cosas a la vez: la plaza y la mirada que intenta atraparla.
La idea final —que esos instantes no volverán, pero te esperarán siempre allí— es preciosa. Resume muy bien lo que tiene la fotografía de milagro y de memoria: un modo de detener el tiempo sin romperlo, de guardar un latido sin apagarlo.
Tu foto y tu texto se complementan de forma impecable. Gracias por regalarnos esta escena tan serena y tan llena de profundidad. Un fuerte abrazo.
En esos tres días que estuve en Córdoba vi muchas cosas y se me quedaron algunas otras por ver. Cada vez que la veo a través de tu objetivo se me ponen ganas de volver.
ResponderEliminarUn abrazo.
Preciosas luz y luces has captado en esta plaza, con estos edificios y con mucha vida. Un momento irrepetible, seguramente.
ResponderEliminar(Imagino que debo ir al óptico de nuevo, no logro ver al fotógrafo) ;-)
Aferradetes, amic.
This is beautiful, Ildefonso.
ResponderEliminarSuch a tranquility
ResponderEliminarCurioso a ausência de arestas nos lados dos prédios.
ResponderEliminarAbraço de amizade.
Juvenal Nunes
La hora azul siempre es hermosa y en esta plaza se realza mas aún.
ResponderEliminarFuerte abrazo
Very nice indeed, the colours of the sunset just beautiful.
ResponderEliminarFin stadsbild och ett fint foto vid den speciella blå timman !
ResponderEliminarHe hecho muchas fotos en la hora azul. Es un momento especial del día en que la luz en sus últimos estertores se mezcla con la noche y produce tonalidades únicas. Esta foto de la plaza de las Tendillas es muy sugestiva. Se caracteriza por su tratamiento espléndido de la luz y la nitidez de la imagen. Una foto sencilla pero llena de encanto. Saludos.
ResponderEliminarConozco bien la plaza de las Tendillas, pero nunca la vi tan bonita como en esta imagen que has captado. Preciosa la luz, el encuadre, pero sobre todo esas luces anaranjadas de las farolas fernandinas, que iluminan la plaza, y que le dan profundidad a la imagen. Vamos, una maravilla de fotografía.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo
Ildefonso, querido amigo genio de la fotografía.
ResponderEliminarTe felicito por esta captura y por tu relato tan poético, es una maravilla!!!
Que pases un hermoso día y que tengas unas Felices Pascuas!!!
Besitos Ildefonso
Another wonderful one! Beautiful!
ResponderEliminarPreciosa la plaza de las Tendillas uno de mis lugares favorito de Córdoba.
ResponderEliminarUn abrazo.
Una hora mágica escogiste, una preciosidad de foto.
ResponderEliminarSaludos.
Se ha juntado todo, esa plaza tan cordobesa, esa hora tan mágica y esa cámara tan magistral.
ResponderEliminarFeliz semana amigo.
Un Abrazo
"Esos instantes no volverán, pero te esperarán siempre allí"... Ildefonso, ya me quisiera yo una línea de este nivel en alguno de mis micros. Retrataría perfectamente cuando el presente, a veces, proyecta tras de sí, la sombra de la nostalgia. Va un abrazo.
ResponderEliminar