Alguien diría que los ancianos, al lado del retrato de su hija, están esperando a que algún día despierte. Ella, desde la imagen, con los ojos cerrados, parece escuchar los suspiros que no se dicen. La habitación huele a polvo y a tiempo detenido.
En la caja de madera, siempre cerrada, ellos guardan las cartas que nunca se atrevieron a enviar. Él, a veces, acaricia la tapa. Ella murmura su nombre, apenas audible, como si el silencio pudiera traerla de vuelta. Ambos sienten así, día tras día, que la ausencia, sin decir palabra, está con ellos.
Alguien diría que los ancianos, al lado del retrato de su hija, están esperando a que algún día despierte. Ella, desde la imagen, con los ojos cerrados, parece escuchar los suspiros que no se dicen. La habitación huele a polvo y a tiempo detenido.
ResponderEliminarEn la caja de madera, siempre cerrada, ellos guardan las cartas que nunca se atrevieron a enviar. Él, a veces, acaricia la tapa. Ella murmura su nombre, apenas audible, como si el silencio pudiera traerla de vuelta. Ambos sienten así, día tras día, que la ausencia, sin decir palabra, está con ellos.