Cada mañana, el hombre despertaba antes que el sol y daba cuerda al reloj de mesa, como si al girar la llave pudiera retrasar el olvido. El reloj, sin embargo, viejo y terco, detenido en el pasado, marcaba siempre aquella hora de espanto en que su esposa había desaparecido entre las sombras de una tormenta que ya solo él recordaba.
Dicen que el tiempo se había detenido en el reloj por pura compasión, y que los segundos, huidizos, se escondían en las arrugas del rostro del hombre solitario. A veces, al mirarlo fijamente, uno siente que él está envejeciendo más deprisa de lo normal. Y que el reloj, en su silencio, sigue contando aquellas historias que ya todos han olvidado.
Un relato que marca ese juego entre imagen y reflexión al que te has entregado desde hace un tiempo. ¿Es posible envejecer más deprisa que el tiempo? Abrazos, amigo Ildefonso.
Las 10 y 10 debe ser la hora en que los relojes salen más favorecidos. Casi siempre son fotografiados a esa hora. Seguramente tú lo sabrás. Preciosa fotografía y buen pensamiento. Un abrazo.
Ildefonso, este relato tuyo tiene la quietud y la herida del tiempo detenido. Ese hombre que cada mañana da cuerda al reloj intentando retrasar el olvido vive atrapado en la hora exacta en que su esposa desapareció entre las sombras de la tormenta. Decís que el reloj se detuvo por compasión y que los segundos se esconden en las arrugas del hombre solitario. Esa imagen basta para entenderlo todo: él envejece más rápido mientras el reloj sigue contando historias que ya nadie recuerda. Un texto breve, hondo y muy tuyo. Un fuerte abrazo, Ildefonso.
Muy buen trabajo, aunque no parece gustarle al hombre el paso del tiempo al recordarle tristes acontecimientos. Y el relato complementa la imagen. Un abrazo.
Cada mañana, el hombre despertaba antes que el sol y daba cuerda al reloj de mesa, como si al girar la llave pudiera retrasar el olvido. El reloj, sin embargo, viejo y terco, detenido en el pasado, marcaba siempre aquella hora de espanto en que su esposa había desaparecido entre las sombras de una tormenta que ya solo él recordaba.
ResponderEliminarDicen que el tiempo se había detenido en el reloj por pura compasión, y que los segundos, huidizos, se escondían en las arrugas del rostro del hombre solitario. A veces, al mirarlo fijamente, uno siente que él está envejeciendo más deprisa de lo normal. Y que el reloj, en su silencio, sigue contando aquellas historias que ya todos han olvidado.
Un relato que marca ese juego entre imagen y reflexión al que te has entregado desde hace un tiempo.
Eliminar¿Es posible envejecer más deprisa que el tiempo?
Abrazos, amigo Ildefonso.
Time will win in the long run.
ResponderEliminarEl reloj se detuvo por compasión. Menuda reflexión en esa frase. Me ha tocado. Como siempre la foto genial
ResponderEliminarLas 10 y 10 debe ser la hora en que los relojes salen más favorecidos. Casi siempre son fotografiados a esa hora. Seguramente tú lo sabrás.
ResponderEliminarPreciosa fotografía y buen pensamiento.
Un abrazo.
This is very profound and touching.
ResponderEliminarCuando ella murió el tiempo dejó de existir.
ResponderEliminarI like what you do--- the picture turned out perfectly, and the story is beautifully human.
ResponderEliminarIt is a lovely AI. You did well.
ResponderEliminarGreat story and picture! Thank you very much!
ResponderEliminarEste hombre en lugar de una calavera, tiene un reloj en sus manos, pero es lo mismo.
ResponderEliminarJoselu lo ha descrito de la mejor manera posible. El inevitable camino hacia el final.
ResponderEliminarAbrazo
Aún existen hombres así (pocos la verdad) que cuando muere la mujer, se quedan muertos en vida.
ResponderEliminarBuen trabajo.
Aferradetes, amic.
Que emotivo texto, Idelfonso y que bien ilustrado, muy buena conjunción.
ResponderEliminarSaludos.
¡Qué historia tan estupenda!
ResponderEliminarpodi-.
Ildefonso, este relato tuyo tiene la quietud y la herida del tiempo detenido. Ese hombre que cada mañana da cuerda al reloj intentando retrasar el olvido vive atrapado en la hora exacta en que su esposa desapareció entre las sombras de la tormenta. Decís que el reloj se detuvo por compasión y que los segundos se esconden en las arrugas del hombre solitario. Esa imagen basta para entenderlo todo: él envejece más rápido mientras el reloj sigue contando historias que ya nadie recuerda. Un texto breve, hondo y muy tuyo.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, Ildefonso.
Como siempre un buen trabajo demostrando tu dominio con ese tipo de imágenes.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo Ildefonso
Muy buen trabajo, aunque no parece gustarle al hombre el paso del tiempo al recordarle tristes acontecimientos. Y el relato complementa la imagen.
ResponderEliminarUn abrazo.
Tremendo! Un abrazo, Ildefonso.
ResponderEliminarY así es, sólo lo podemos contemplar, jamás detener
ResponderEliminarPaz
Isaac
Time is precious
ResponderEliminarHas conseguido una imagen perfecta para esa interesante reflexión.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muy bunea imagen muy expresiva y real, he visto tu blog sobre Egipto, la cultura egipcia siempre me ha gustado mucho, muy interesante.
ResponderEliminarUn Abrazo