Cada día despierto tras el cristal, inmóvil pero consciente. Las personas pasan, miran, no ven. Solo el perro de ojos de hielo me escucha. Le hablo sin palabras, con el temblor de las hojas del jardín vertical. Le cuento que fui hombre, que amé bajo esa fuente, que un hechizo me dejó aquí.
El perro no sabe que cuando él me siente, mi corazón de tela late más fuerte. Solamente ladea la cabeza, me entiende y me promete que algún día me liberará. Y yo espero, cada tarde, que sus pasos traigan el milagro y se rompa el escaparate.
Ayer, el perro no vino. Sentí el silencio como un peso nuevo, insoportable. Entonces, desde el jardín vertical, una flor blanca cayó dentro del escaparate y tocó mi mano rígida. La tela se volvió piel. El cristal se abrió como agua. Y comprendí que no era el perro quien debía liberarme, sino el propio jardín, que siempre había conocido mi secreto.
Al leerlo me he quedado con una sensación rara, de espera y de estar atrapado sin saber muy bien cómo salir. A veces esperamos fuera lo que en realidad termina viniendo desde muy cerca, casi sin darnos cuenta. La fotografía me ha encantado. Un abrazo
Qué hermoso viaje el que propones entre el cristal, el silencio y esa mínima flor que decide cambiarlo todo. Hay relatos que se sostienen en un gesto, y aquí ese gesto (la caída blanca desde el jardín vertical), abre un mundo entero. Me ha conmovido cómo desplazas la esperanza: primero hacia el perro, con su inocencia de hielo, y luego hacia la naturaleza que observa, calla y finalmente actúa. El final deja una sensación luminosa, como si la liberación siempre hubiera estado ahí, esperando el instante exacto para hacerse piel. Una historia que respira magia sin perder humanidad. Magnífico trabajo, Ildefonso.
This is a lovely, peaceful urban scene. There is a wonderful contrast between the beautiful flower tower in the foreground and the quiet, candid moment of the man and his dog in the background. A hug.
Ese perro es muy bonito pero los pobres lo pasan muy mal con el calor del verano. Córdoba no es el mejor lugar para ellos. El relato me ha encantado y encaja muy bien con la fotografía. Un abrazo.
Felicidades, Ildefonso, primero por esa linda prosa con que compartes con nosotros tu sentimiento de liberación, de un amor ausente, y hasta ese preciso instante, anhelado. Y segundo por la calidad de la fotografía, y el encuadre y la luz de la misma. Una maravilla. Un abrazo, amigo.
Cada día despierto tras el cristal, inmóvil pero consciente. Las personas pasan, miran, no ven. Solo el perro de ojos de hielo me escucha. Le hablo sin palabras, con el temblor de las hojas del jardín vertical. Le cuento que fui hombre, que amé bajo esa fuente, que un hechizo me dejó aquí.
ResponderEliminarEl perro no sabe que cuando él me siente, mi corazón de tela late más fuerte. Solamente ladea la cabeza, me entiende y me promete que algún día me liberará. Y yo espero, cada tarde, que sus pasos traigan el milagro y se rompa el escaparate.
Ayer, el perro no vino. Sentí el silencio como un peso nuevo, insoportable. Entonces, desde el jardín vertical, una flor blanca cayó dentro del escaparate y tocó mi mano rígida. La tela se volvió piel. El cristal se abrió como agua. Y comprendí que no era el perro quien debía liberarme, sino el propio jardín, que siempre había conocido mi secreto.
¡Muy bonito! Me gusta un montón.
EliminarUn saludo desde Segovia, Ildefonso.
Espero que pases un buen día.
Un relato poético, una vez más Ildefonso.
EliminarAbrazos.
The dog is intent on the vertical garden--- He makes me wonder...
ResponderEliminarEs un perro digno de Juego de Tronos.
ResponderEliminarLos perros deberían vivir muchos años más... como mínimo los mismos que sus dueños.
Saludos.
Al leerlo me he quedado con una sensación rara, de espera y de estar atrapado sin saber muy bien cómo salir. A veces esperamos fuera lo que en realidad termina viniendo desde muy cerca, casi sin darnos cuenta.
ResponderEliminarLa fotografía me ha encantado. Un abrazo
ResponderEliminarMuy bonito relato amigo,.me encanta, no menos la foto con ese Husky como protagonista.
Feliz semana.
Un Abrazo
¡Qué bonito encuadre!, excelente relato también.
ResponderEliminarSiempre me ha gustado esa raza de perro, no tanto sus dueños. ;-)
Aferradetes, amic.
Qué hermoso viaje el que propones entre el cristal, el silencio y esa mínima flor que decide cambiarlo todo. Hay relatos que se sostienen en un gesto, y aquí ese gesto (la caída blanca desde el jardín vertical), abre un mundo entero. Me ha conmovido cómo desplazas la esperanza: primero hacia el perro, con su inocencia de hielo, y luego hacia la naturaleza que observa, calla y finalmente actúa.
ResponderEliminarEl final deja una sensación luminosa, como si la liberación siempre hubiera estado ahí, esperando el instante exacto para hacerse piel. Una historia que respira magia sin perder humanidad. Magnífico trabajo, Ildefonso.
This is a lovely, peaceful urban scene. There is a wonderful contrast between the beautiful flower tower in the foreground and the quiet, candid moment of the man and his dog in the background.
ResponderEliminarA hug.
Ese perro es muy bonito pero los pobres lo pasan muy mal con el calor del verano. Córdoba no es el mejor lugar para ellos. El relato me ha encantado y encaja muy bien con la fotografía.
ResponderEliminarUn abrazo.
A wonderful picture and a beautiful poem.
ResponderEliminarGran foto, siempre acompañada de un no menos gran relato.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo Ildefonso
A touch of melancholy post festive joy
ResponderEliminarBeautiful photo, Ildefonso!
ResponderEliminarIldefonso, una fotografía muy hermosa acompañada de un conmovedor y excelente relato.
ResponderEliminarMaravilloso post.
Que tengas una feliz semana
Besos Ildefonso
No sé si me gusta más la fotografía o el relato. En realidad, me gustan los dos juntos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Buena toma, Idelfonso, con una composición muy agradable de ver.
ResponderEliminarSaludos.
He has a companion, he is happy.
ResponderEliminarBeautiful photos and the dog sitting there dutifully.
ResponderEliminarMagnifica la foto, pero el relato me conmovió más aún. Bravo, Ildefonso, un abrazo!
ResponderEliminarBonita foto y bonitas palabras.
ResponderEliminarUn abrazo.
Felicidades, Ildefonso, primero por esa linda prosa con que compartes con nosotros tu sentimiento de liberación, de un amor ausente, y hasta ese preciso instante, anhelado.
ResponderEliminarY segundo por la calidad de la fotografía, y el encuadre y la luz de la misma. Una maravilla.
Un abrazo, amigo.