El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
Cuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
ResponderEliminarCuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.