El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
Cuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
Empieza como una escena cotidiana y, poco a poco, se vuelve extraña. El cambio es discreto, pero se nota. La imagen es espectacular: esa mirada del gato, tan fija y tan tensa, dice casi más que el propio texto.
Es que esos ratones que ha inventado la ciencia son muy raros y poco apetitosos. La fotografía muy simpática, además de bonita. Qué partido le sacas a los gatos. Un abrazo.
Hay relatos que parecen nacer de una grieta en la realidad, y este es uno de ellos. La escena que describes, Ildefonso, convierte lo cotidiano en un umbral extraño donde hasta la madera respira y la luz se deshace. Ese gato que pasa del acecho a la revelación es casi un testigo involuntario de un mundo que se dobla sobre sí mismo. Me ha encantado cómo logras que un simple “ratón sin vida” se convierta en un detonante de lo fantástico, de lo que no debería ocurrir y, sin embargo, ocurre. Uno termina entendiendo al gato: hay misterios que es mejor no tocar dos veces. Un abrazo, maestro.
El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
ResponderEliminarCuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
Buena composición, Ildefonso!
ResponderEliminarSaludos
Excellenty image ! The cat and the mouse,,
ResponderEliminarEsos ojos han vivido otras vidas y saben mas que nosotros.
ResponderEliminarSaludos.
I'm amazed at how well you use the Copilot.
ResponderEliminarEmpieza como una escena cotidiana y, poco a poco, se vuelve extraña. El cambio es discreto, pero se nota.
ResponderEliminarLa imagen es espectacular: esa mirada del gato, tan fija y tan tensa, dice casi más que el propio texto.
El gato esta realmente atento a ese ratón que parece no ser quizá de su deseo pero que desde luego le llama la atención.
ResponderEliminarUn abrazo Ildefonso
Magnífica edición.
ResponderEliminarUn abrazo.
Me encanta esa carita. Qué bien lo has captado.
ResponderEliminarEnhorabuena, Ildefonso.
En Segovia no para de nevar.
Un saludo.
Es que esos ratones que ha inventado la ciencia son muy raros y poco apetitosos.
ResponderEliminarLa fotografía muy simpática, además de bonita. Qué partido le sacas a los gatos.
Un abrazo.
Hay relatos que parecen nacer de una grieta en la realidad, y este es uno de ellos. La escena que describes, Ildefonso, convierte lo cotidiano en un umbral extraño donde hasta la madera respira y la luz se deshace. Ese gato que pasa del acecho a la revelación es casi un testigo involuntario de un mundo que se dobla sobre sí mismo.
ResponderEliminarMe ha encantado cómo logras que un simple “ratón sin vida” se convierta en un detonante de lo fantástico, de lo que no debería ocurrir y, sin embargo, ocurre. Uno termina entendiendo al gato: hay misterios que es mejor no tocar dos veces.
Un abrazo, maestro.