El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
Cuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
Ildefonso, Já, simpática historia de fondo y contexto de diste a esta imagen. Que el gato aprenda a usar el teclado y el panel táctil si quiere ocupar el equipo. Tiene varias vidas para invertir en eso. Va un abrazo.
Empieza como una escena cotidiana y, poco a poco, se vuelve extraña. El cambio es discreto, pero se nota. La imagen es espectacular: esa mirada del gato, tan fija y tan tensa, dice casi más que el propio texto.
Es que esos ratones que ha inventado la ciencia son muy raros y poco apetitosos. La fotografía muy simpática, además de bonita. Qué partido le sacas a los gatos. Un abrazo.
Hay relatos que parecen nacer de una grieta en la realidad, y este es uno de ellos. La escena que describes, Ildefonso, convierte lo cotidiano en un umbral extraño donde hasta la madera respira y la luz se deshace. Ese gato que pasa del acecho a la revelación es casi un testigo involuntario de un mundo que se dobla sobre sí mismo. Me ha encantado cómo logras que un simple “ratón sin vida” se convierta en un detonante de lo fantástico, de lo que no debería ocurrir y, sin embargo, ocurre. Uno termina entendiendo al gato: hay misterios que es mejor no tocar dos veces. Un abrazo, maestro.
Buen trabajo. Me encanta. La expresión del gato es entre miedo e intriga por no comprender realmente el significado de lo que tiene delante. El relato encaje perfectamente con la fotografía. Un abrazo.
La imagen y el texto orquestan un duelo metafísico entre el instinto y el silicio. Esas lunas de ámbar que acechan sobre la madera no buscan carne, sino el misterio de una "presa muda". El relato eleva el encuentro a una fractura de la realidad: el suspiro eléctrico del ratón no es un ruido, sino el lenguaje de una modernidad que espanta al depredador.
En este terremoto ontológico, el gato descubre que los objetos humanos tienen alma de voltaje. Al final, huye despavorido ante el horror de una tecnología que imita la vida, pero carece de latido. Saludos, Ildefonso.
El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
ResponderEliminarCuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
Atento sí se le ve!
EliminarY el posterior susto, consecuencia de ello!
Bien desarrollado el guion, Ildefonso.
Abrazos, amigo.
Ildefonso, Já, simpática historia de fondo y contexto de diste a esta imagen. Que el gato aprenda a usar el teclado y el panel táctil si quiere ocupar el equipo. Tiene varias vidas para invertir en eso. Va un abrazo.
EliminarBuena composición, Ildefonso!
ResponderEliminarSaludos
Excellenty image ! The cat and the mouse,,
ResponderEliminarEsos ojos han vivido otras vidas y saben mas que nosotros.
ResponderEliminarSaludos.
I'm amazed at how well you use the Copilot.
ResponderEliminarEmpieza como una escena cotidiana y, poco a poco, se vuelve extraña. El cambio es discreto, pero se nota.
ResponderEliminarLa imagen es espectacular: esa mirada del gato, tan fija y tan tensa, dice casi más que el propio texto.
El gato esta realmente atento a ese ratón que parece no ser quizá de su deseo pero que desde luego le llama la atención.
ResponderEliminarUn abrazo Ildefonso
Magnífica edición.
ResponderEliminarUn abrazo.
Me encanta esa carita. Qué bien lo has captado.
ResponderEliminarEnhorabuena, Ildefonso.
En Segovia no para de nevar.
Un saludo.
Es que esos ratones que ha inventado la ciencia son muy raros y poco apetitosos.
ResponderEliminarLa fotografía muy simpática, además de bonita. Qué partido le sacas a los gatos.
Un abrazo.
Hay relatos que parecen nacer de una grieta en la realidad, y este es uno de ellos. La escena que describes, Ildefonso, convierte lo cotidiano en un umbral extraño donde hasta la madera respira y la luz se deshace. Ese gato que pasa del acecho a la revelación es casi un testigo involuntario de un mundo que se dobla sobre sí mismo.
ResponderEliminarMe ha encantado cómo logras que un simple “ratón sin vida” se convierta en un detonante de lo fantástico, de lo que no debería ocurrir y, sin embargo, ocurre. Uno termina entendiendo al gato: hay misterios que es mejor no tocar dos veces.
Un abrazo, maestro.
"¿Quién me ha quitado el ratón?"
ResponderEliminarNo me extraña que saliera por patas el pobre.
Buen trabajo, como siempre.
Aferradetes, amic.
"I’ve been staring at it for an hour. It hasn't moved. This mouse is broken."
ResponderEliminarExcellent and creative art!
A hug.
Me parece que el gatito tiene un problema con el Excel, jeje.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo Ildefonso
click, el chillido de los ratones modernos.
ResponderEliminarpodi-.
Wow, what a wonderful scene and picture! Thank you very much!
ResponderEliminarBuen trabajo. Me encanta. La expresión del gato es entre miedo e intriga por no comprender realmente el significado de lo que tiene delante. El relato encaje perfectamente con la fotografía.
ResponderEliminarUn abrazo.
Wonderful post, Ildefonso. I love ❤️ cats.
ResponderEliminarWow, such an exquisite view
ResponderEliminarThat turned out well.
ResponderEliminarBien captada la expresión del gato, entre asustado y desconcertado ante la inmovilidad del ratón. Que susto para él cuando la luz se derritió.
ResponderEliminarAbrazos
Que preciosidad de grato, y muy graciosa la foto. Un saludo.
ResponderEliminarThe digital mouse scared the cat.
ResponderEliminarBien ideado, con un buen resultado.
ResponderEliminarSaludos.
Muy bueno, tanto la foto como el texto extraordinarios amigo.
ResponderEliminarFeliz semana.
Un Abrazo
Que bueno. Buen susto se llevaría se llegó a tocar el ratón y lo encendió.
ResponderEliminarUn abrazo.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLa imagen y el texto orquestan un duelo metafísico entre el instinto y el silicio. Esas lunas de ámbar que acechan sobre la madera no buscan carne, sino el misterio de una "presa muda". El relato eleva el encuentro a una fractura de la realidad: el suspiro eléctrico del ratón no es un ruido, sino el lenguaje de una modernidad que espanta al depredador.
ResponderEliminarEn este terremoto ontológico, el gato descubre que los objetos humanos tienen alma de voltaje. Al final, huye despavorido ante el horror de una tecnología que imita la vida, pero carece de latido. Saludos, Ildefonso.
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